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Descripción

El Panfleto contra la democracia realmente existente no pretende ser otra cosa que una crítica demoledora a las democracias fundamentalistas, a la Idea que la mayoría de las democracias de nuestro siglo, una vez barridas de fascismos en la primera mitad del siglo XX, y de comunismos, al menos europeos, durante la segunda mitad, mantienen sobre la esencia de la democracia. Una Idea que les mueve una y otra vez a proclamarse demócratas como garantía de haber alcanzado el punto más alto posible de la conciencia política, ética y moral. Desde estas posiciones democráticas fundamentalistas de principio se tratará de reconstruir, justificar o explicar cualquier tipo de comportamiento valorado positivamente, y desde él se justificará también el ataque a cualquier tipo de comportamiento considerado indigno o criminal.

Según la tesis que aquí presuponemos, la mayor parte de lo que se denominan déficits de la democracia no son tanto desviaciones o distinciones de una sociedad política democrática respecto de su estructura funcional efectiva, sino desviaciones de una sociedad política democrática realmente existente respecto de un canon fundamental de naturaleza metafísica que jamás ha existido ni puede existir.

Como canon fundamentalista de las democracias realmente existentes tomaremos, para abreviar, la versión cristalizada en la Revolución Francesa en torno a los célebres tres principios de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad; principios que habían ido decantándose a lo largo de los siglos XVII (Locke) y XVIII (Montesquieu y, sobre todo, Rousseau).

En todo caso cabe discutir cuál de los tres principios es el más significativo para la democracia.
Para unos la esencia de la democracia reside en la libertad (Aristóteles, Kelsen). Para otros en la igualdad (Babeuf, Bobbio), a pesar de que muchos teóricos (Kelsen, entre ellos) subrayan que la igualdad económica tiene poco que ver con la democracia.
Para unos terceros en la fraternidad (San Agustín, Marx: «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades»).
En cualquier caso, los axiomas de la democracia revolucionaria no son exteriores los unos a los otros, sino que se complementan y codeterminan unos a otros. Una sociedad holizada, regida por el principio de la libertad, tenderá a dispersarse (como se dispersarían las masas inerciales en el espacio euclidiano sin límite); el principio de fraternidad (como el de gravitación en Mecánica) mantiene a los individuos holizados en cohesión o solidaridad mutua.

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